Y si fuese otoño y vos no lo supieses. Vos siguieras instalado en el sol de una playa lejana, sin gaviotas ni barcos oportunos y siguieses nadando en la espuma de un recuerdo fatuo de un amor expectante. Y si fuese otoño, así simplemente, de forma cotidiana, con ese abanico de colores en los ojos y en las hojas rendidas de los árboles, en el aire alentado de anastasias, en las vides y los labios ya maduros. Y si fuese otoño, llanamente, sin proezas y vos llegaseis de repente por el clamor del viento, por la esquiva herida de la tarde para vendimiar los besos ya precisos, para encender la flor de los granados.