DIRECTOS A LA GLORIA




           















  


 a Jesús Marrodán

Todos los caballos eran de cartón
— en los años descalzos de las penas—
incluidos los que traspasaban las cometas
y nos conducían directos a la fama.

Todas las armas eran la escopeta
de corchos capaz de abolir la guerra
con sólo su presencia.
Y todas las  muñecas la más bella.

Quedaba por delante un verano solemne
como un día festivo en el pueblo,
un puñado de anhelos por vencer,
las sandalias de juegos por gastar,
un debe a favor de las quimeras
un pulso a lo grande con la edad.

Mientras, todas las armas eran
aquellos viejos rifles de vaquero,
princesas las más lindas muñecas
y todos los caballos llevaban a la gloria.

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