Paz y calma
Al anochecer las palmeras,
agotadas del vaiven del día, escribieron Calma.
Paz pedía el viento
que venía de la guerra y del fuego,
y suavemente declinó su pecho en el índigo del cielo.
La noche se adentraba
con el jazmín y el azahar,
en busca de la paz y la calma
que tanto deseamos. "
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