UNA RAZON PARA VIVIR
Sólo cuando ella me tuvo entre sus labios, cuando atravesé la calidez de su cuerpo acelerando su pulso y su razón, cobró sentido mi vida.
Sólo por conseguir que se embriagase de mí, que vibrase su cintura con mi abrazo, o sencillamente, que se sonrojase su tez con mi cercanía. Sólo por resucitar la brisa de su boca y la luz en su mirada, sólo, sólo por eso, está justificada mi existencia.
La soledad de los días esperando el momento, la fortaleza de la tierra, de los amigos. Las idas y venidas de mis días. Aquel desarraigo prematuro, el exilio de los míos, el desalojo premeditado, consensuado y obligado de mi casa, mi finca, mi morada.
Aquella manera infame de viajar tirado de cualquier forma, por camiones, furgonetas, trenes de cercanías, hacinado, mustio, deshaciéndome en sangre. Y la presión subsiguiente al llegar al destino y la tortura de reconvertirme en otro.
Ese condenarme para ello a la prisión estrecha y austera —aunque insigne— del roble en la barrica, del vidrio en la botella, hasta que un día, ¡al fin un día!, la libertad.
La libertad de una copa en su mano, de mi cuerpo rubí en sus perlas y del azmicle de mi piel en sus mejillas.
Sólo por conseguir que se embriagase de mí, que vibrase su cintura con mi abrazo, o sencillamente, que se sonrojase su tez con mi cercanía. Sólo por resucitar la brisa de su boca y la luz en su mirada, sólo, sólo por eso, está justificada mi existencia.
La soledad de los días esperando el momento, la fortaleza de la tierra, de los amigos. Las idas y venidas de mis días. Aquel desarraigo prematuro, el exilio de los míos, el desalojo premeditado, consensuado y obligado de mi casa, mi finca, mi morada.
Aquella manera infame de viajar tirado de cualquier forma, por camiones, furgonetas, trenes de cercanías, hacinado, mustio, deshaciéndome en sangre. Y la presión subsiguiente al llegar al destino y la tortura de reconvertirme en otro.
Ese condenarme para ello a la prisión estrecha y austera —aunque insigne— del roble en la barrica, del vidrio en la botella, hasta que un día, ¡al fin un día!, la libertad.
La libertad de una copa en su mano, de mi cuerpo rubí en sus perlas y del azmicle de mi piel en sus mejillas.
Finalista en el certamen “Las dos orillas”. Uruguay. 2007
He llegado a tu txoco desde el de Rubén y me gusta lo que leo.
ResponderEliminarSeguiré viniendo, si me permites.
Un abrazo poético. Soco
Una artesana en sombra que talla las uvas.Que otra estalla, que acuna hasta el sorbo de vino:ahora será de mujer.Tu escrito es una dulce uva de mujer.
ResponderEliminarBesos
bellas palabras, bella tierra, me encanta la rioja,suelo ir ya por decreto al hotel los Agustinos de Haro.
ResponderEliminarHa sido un placer conocerte y leerte