OTOÑO
ARQUITECTURA DEL OTOÑO
Como si en nada importase la rutina,
su larga oración subordinada,
el velo apagado de sus ojos,
el otoño avanza.
Llega, instaura su propio paraíso.
Ese aire que a veces petrifica
y a veces invita a la caricia,
al abrazo que suple la penuria de grados
en la calle y en el alma.
Llega, acomoda a su gusto los paisajes
donde triunfa el rojo, el ocre,
el amarillo en su paleta.
Y al despertar un día cualquiera en su almanaque,
nos vemos doblegados a su cielo,
sorprendidos por su gesto:
azul radiante,
la esperanza del calor que continua;
plomizo,
como la enfermedad, la tristeza,
el torpe ronroneo de la duda;
evanescente,
como las promesas que no llegan,
las ecuaciones con posible solución.
La arquitectura del otoño es solemne.
A sus pies dormimos los mortales
bebiendo de las frutas de su vientre.
Meditando, quizás, nuestra estación.
Aguardando la espada del invierno,
mientras el rojo, el ocre, el amarillo,
el metálico azul,
y el rayo pródigo del sol,
nos amparan la rutina,
nos inclinan al abrazo,
nos funden con sus hojas en un viaje,
inevitable,
a esa luz que dentro nos habita.
Publicado en el suplemento VIVIR de La RIoja el 31 de octubre de 2010
Somos mortales y duraremos lo que recuerden de nosotros nuestros hijos o nuestros futuros nietos.Pero si hay un verso, un sencillo poema que nos sobrevive aunque sea en un cajón ¿no seremos eternos?.Algo así es tu hermoso poema
ResponderEliminarUn beso