EL ÚLTIMO ATARDECER
Apuro el último crepúsculo
—– entre el sabor a vinagre de la sangre y la injusticia,
entre rejas, cuerdas, lágrimas—–,
degustándolo,
paladeando cada rayo que perece,
cada brizna de hierba del sol adolescente
que no será nunca más mi abrigo,
ni mi ruina o la sombra de mis pasos.
Apuro el último cobijo de la tarde
en mis manos, en la sed de mi cuerpo
mancillado de dolor, áspero de duda,
la más temible duda, la del día de después.
Lo agoto. Sí, lo extremo,
lo esclavizo con mi férreo deseo
no le dejo partir.
Como si al partir él,
como si al irse el último cabello de su luz,
partiese seguro mi último suspiro.
Por eso bebo despacio el crepúsculo azul y rojo
de amor y sangre y sufrimiento en estas horas finales.
Desde mi espalda escucho respirar
el mar de la eternidad.
Pero, ahora, justo ahora,
—– erguido ante la dignidad de los días,
con la esperanza de otros píes sobre mis huellas,
exhausto y expectante—–,
apuro la última y mortal
hebra de sol.
Texto: María J. Marrodán Gironés
Para Amnistía Internacional.10 de Diciembre de 2012
Imagen: Ultimo atardecer en Agripina
http://www.flickriver.com/groups/836990@N25/pool/interesting/
—– entre el sabor a vinagre de la sangre y la injusticia,
entre rejas, cuerdas, lágrimas—–,
degustándolo,
paladeando cada rayo que perece,
cada brizna de hierba del sol adolescente
que no será nunca más mi abrigo,
ni mi ruina o la sombra de mis pasos.
Apuro el último cobijo de la tarde
en mis manos, en la sed de mi cuerpo
mancillado de dolor, áspero de duda,
la más temible duda, la del día de después.
Lo agoto. Sí, lo extremo,
lo esclavizo con mi férreo deseo
no le dejo partir.
Como si al partir él,
como si al irse el último cabello de su luz,
partiese seguro mi último suspiro.
Por eso bebo despacio el crepúsculo azul y rojo
de amor y sangre y sufrimiento en estas horas finales.
Desde mi espalda escucho respirar
el mar de la eternidad.
Pero, ahora, justo ahora,
—– erguido ante la dignidad de los días,
con la esperanza de otros píes sobre mis huellas,
exhausto y expectante—–,
apuro la última y mortal
hebra de sol.
Texto: María J. Marrodán Gironés
Para Amnistía Internacional.10 de Diciembre de 2012
Imagen: Ultimo atardecer en Agripina
http://www.flickriver.com/groups/836990@N25/pool/interesting/
Que profundo y extraordinariamente bello amiga. Impresionante creación. Felicidades, eres genial.
ResponderEliminarUn beso.
Después de leer "El último atardecer", Songó saltó a la patera y uno más entre los hacinados partió hacia el primer mundo. Nunca llegaría a pisarlo como africano. Cuando su cuerpo sin vida encalló en la playa días después ya era un europeo más. La mar, compasiva, lo había blanqueado.
ResponderEliminarFASCINANTE!
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