EL BÁLSAMO de FIERABRÁS
Que todo lo cure, lo recomponga.
Exactamente haga uno lo que antes
fuera dos, o cuatro o ciento.
Que espante las fisuras, resucite
a un moribundo, tal era
mi buscado Bálsamo de Fierabrás.
Qué contrariedad, si sé que no hay
poción que sane las heridas cuando
nacen, crecen y anidan en el alma;
porque el alma —¡quién lo ignora!— no
vive
en la piel, las asaduras, ni los
huesos.
O sí, en todo ello en proporción
igual,
y en la sangre, los sesos, la
emoción.
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