QUINCE MINUTOS



















Quince minutos, dijo el esposo, es entrar, saludar al gerente de la empresa, presentarme y acordar la fecha para una reunión de negocios trascendente.

Pero quién sabe cuánto dura un cuarto de hora, mientras el airea ahoga la esperanza:

Acabar una novela de misterio y comprenderla; hablar pausadamente con una buena amiga; escuchar completo el último de Sabina; escribir una historia, inventar otra vida;  lo que se tarda en retroceder el camino del orgullo. Darte una insolación; setenta y ocho minutos; que se llene tu Facebook de felicitaciones; agenciarse una nueva cita; robar el corazón de algún extraño; o simplemente, pirarse con su coche.

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