EN VOZ BAJA
Que nadie alce la voz con sus riquezas,
no muestre en público su dicha,
no se vanaglorie del sosiego, que,
entre rayo y rayo, le conceden los dioses.
La calma es un bien muy susceptible,
y la vida un reloj que anda atrasando
los segundos del reposo.
Por eso conviene que a la hora de hablar,
de ondear por bandera la alegría,
de sonreír en voz alta,
de sacar pecho ante la gloria,
o la esperanza, el amor,
lo hagamos en voz baja y a hurtadillas,
mientras el día no vigila nuestro exceso,
mientras la vida especula en otra frente.
Fotografía de Miguel Herreros
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