CUANDO ERES OTRO

Era ácima la tarde
y la calima
enmascaraba todos los recuerdos
y envenenaba las olas del futuro,
y, sin pudor, me senté a condolerme.
Y cuando todo el mar se bebió mi boca,
y toda la sal se seco en mis ojos,
y cuando mis manos sostuvieron todas las olas,
y la arena todas mis pisadas,
y yo era una estrella fugaz en un cielo crispado,
un deseo herido en la herida de un día cualquiera,
un grano de vanidad en una playa de vanidades,
la espuma más vulgar de cualquier oleaje,
entonces, entonces, supe que no era ese mi sino.
Y me levante y anduve
y llore sin recato
y me reí de mí mismo
y no lamenté la desdicha que me llevo ese lugar,
ni el lugar que habitaba,
ni el espacio que ocupaba ,
ni el tiempo que perdí,
pues yo, era otro
y otro iba a ser mi destino
Estupendo poema, María!!
ResponderEliminarJuan Antonio