LA ETERNA ESPERA





















Nos sentamos a esperar el sol de la tarde
y el del alba, los vientos favorables,
los paisajes clandestinos, la luna
de abril en la mirada del amante.

Esperamos el viento propicio de la suerte,
los barcos con escalas en los besos,
y las dulces gaviotas del amor.

Nadie supo explicarnos
que la espera no es un puerto seguro,
ni una estación donde paren los trenes
con destino al paraiso.

Nadie supo decirnos que la tarde
alberga los secretos de la noche,
y es la noche con su luna y sus fantasmas
quien da cobijo al pecado y a la herida,
quien pone el paso esperanzado en la frágil
convicción del desolado.

Comentarios

  1. Estremecedores versos amiga. La estrofa final me dejó erizada. Un abrazo bella amiga.

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  2. Gracias querida Paty! Un gusto que me visites

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