TORMENTA

 












No es amor por el agua
ahondando en la herida del océano,
haciéndose temporal de sales y de olvido,
de mañanas que nunca volverán.

No, no es vida mía, por el mar,
No es por el cielo ni las nubes.

Es, amor, por las historias
rasgado los nimbos,
con la volubilidad del volcán
de tus labios.
Por esa tristeza que el tiempo comprime en tumulto y tempestad
y lo invade todo de cenizas,
de azules revueltos, imprevisibles, asolados.


NO.


No es por los astros procelosos, vida mía,
sino porque nosotros somos
la tormenta.

Foto de Abel Baquerín

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