JANO

 




Jano extendió su manto en la memoria

 de las horas, de las tuyas,  las mías, 

de las nuestras. En tu pueblo y el mío.

 En el de  este y el de aquel.


Heló las historias que se escribían

en los paradisiacos bancos,

la primavera plantada con afán 

al calor del hogar.

Y por un momento,

entumeció el miedo al otro territorio,

esa enfermedad amarga que nos mata.


Un recién nacido Enero 

nos congeló las aceras, los ríos y las calles,

pero nos puso la esperanza en la puerta

de todos los labios, que susurraban

de voz en voz, de valor a valor:

Año de nieves, año de bienes,

y el sol nacía solemne en las miradas.


Fotografía de Jesús Montiel

Caseta de Abel Marrodán. Munilla

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