LA CURIOSIDAD DE UN NIÑO


























La curiosidad de un niño no tiene final,
ni aduana ni aranceles. 

Pasea descalza por la piel 
más herida de la vida y por la más dulce.

Por la incógnita que nos habita allí en el alma.
Por la duda, la necesidad y lo imposible

Trepa las aristas del miedo 
con la elegancia del trapecista, seguro en su rescate.


Paladea la sal y el néctar de las horas, 
la luz y la derrota del alba 
y los cometas fallidos de la suerte.


No hay limite a la curiosidad de un niño.

Solo la expectación del horizonte
sabe asombrarse en sus manos,
 hacerse sirena en su voz.
                        y universo en su sonrisa.

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